Hay nombres que parecen estar escritos en la historia de la música con tinta indeleble. Y luego está Nick Mason, cuya vida entera vibra como un pulso rítmico que atraviesa generaciones.
Contar su historia es volver a escuchar el latido profundo de una época en la que el rock progresivo se convirtió en un lenguaje universal, y donde él, silencioso pero imprescindible, marcó el compás de una revolución sonora.
Los orígenes de un baterista distinto
Nicholas Berkeley Mason nació el 27 de enero de 1944 en Birmingham, Inglaterra, en el seno de una familia acomodada y creativa. Su padre, documentalista y aficionado al automovilismo, le transmitió dos pasiones que lo acompañarían toda la vida: la curiosidad por el mundo y el amor por los motores. Pero fue en Londres, adonde se mudó siendo niño, donde su destino musical comenzó a tomar forma.
En su adolescencia, Mason no soñaba con ser una estrella del rock. Más bien, se veía a sí mismo como un joven ingeniero, curioso por la mecánica y la arquitectura. Sin embargo, mientras estudiaba arquitectura en la Regent Street Polytechnic, conoció a Roger Waters y Richard Wright. Ese encuentro, casi casual, sería el germen de una de las bandas más influyentes de todos los tiempos.

Los primeros pasos: el nacimiento de un sonido
A principios de los años 60, Mason empezó a tocar la batería de manera autodidacta. No era el más virtuoso, ni pretendía serlo. Su estilo se basaba en la precisión, la textura y la capacidad de sostener atmósferas sonoras complejas. Junto a Waters, Wright y el carismático Syd Barrett, formó Sigma 6, luego The Tea Set, y finalmente Pink Floyd.

Nick Mason y Sigma 6
En aquellos primeros ensayos, Mason ya mostraba una cualidad que lo distinguiría para siempre: sabía escuchar. Su batería no competía; acompañaba, moldeaba, daba espacio. Era el cimiento perfecto para las exploraciones psicodélicas que estaban por venir.

Nick Mason y Roger Water en The Tea Set 1965
La evolución musical: del caos psicodélico a la arquitectura del sonido
Con la llegada de The Piper at the Gates of Dawn (1967), Pink Floyd irrumpió en la escena con un sonido que desafiaba las estructuras tradicionales. Mason, con su estilo sobrio y casi hipnótico, se convirtió en el ancla que mantenía cohesionada la experimentación de Barrett.

The Piper at the Gates of Dawn (1967)
Tras la salida de Syd y la entrada de David Gilmour, la banda inició una transformación profunda. Mason fue testigo —y partícipe— de una evolución que llevó al grupo desde la psicodelia hasta el rock progresivo más sofisticado. Su batería en A Saucerful of Secrets (1968) y Meddle (1971) ya mostraba un dominio absoluto del tempo emocional, más que del técnico.
Pero fue en The Dark Side of the Moon (1973) donde su estilo alcanzó una madurez inconfundible. Su trabajo en “Time”, con ese inicio de relojes y percusiones que parecen anunciar el paso inexorable de la vida, se convirtió en una de las introducciones más icónicas de la historia del rock. Mason no solo marcaba el ritmo: narraba.

Mientras Pink Floyd atravesaba tensiones internas, Mason se mantuvo como el miembro más estable y conciliador. Fue el único músico presente en todos los álbumes de la banda, un testimonio de su compromiso y su capacidad para adaptarse a los cambios creativos.
En los años 80, cuando Waters dejó el grupo, Mason apoyó a Gilmour en la reconstrucción de la identidad de Pink Floyd. Su presencia fue esencial para mantener viva la esencia del proyecto, incluso en medio de disputas legales y emocionales.
Curiosidades poco conocidas
– Mason es un apasionado coleccionista de autos clásicos y ha competido en carreras como las 24 Horas de Le Mans

– Su libro Inside Out: A Personal History of Pink Floyd es una de las crónicas más completas y sinceras sobre la banda.

– Aunque es conocido por su estilo minimalista, también experimentó con percusiones orquestales, efectos electrónicos y patrones poco convencionales.
– Fue productor de álbumes de otros artistas y colaboró en proyectos audiovisuales, demostrando un interés constante por la innovación.
Impacto cultural y legado
Nick Mason no es solo el baterista de Pink Floyd: es el guardián del tiempo de una generación. Su estilo, más emocional que técnico, influyó en miles de músicos que entendieron que la batería también puede contar historias.

Su legado se extiende más allá de los discos. Con su proyecto Nick Mason’s Saucerful of Secrets, revivió el repertorio temprano de Pink Floyd, devolviendo al público la magia psicodélica que dio origen a todo. Ese gesto, profundamente nostálgico, reafirmó su papel como puente entre el pasado y el presente.
Estilo artístico
Mason toca como quien construye una arquitectura sonora: cada golpe es un ladrillo, cada silencio un espacio. Su estilo se caracteriza por:
– Ritmos circulares y envolventes
– Uso atmosférico de los toms
– Golpes precisos, nunca excesivos
– Una sensibilidad casi cinematográfica para acompañar melodías y paisajes sonoros
Su batería no busca protagonismo; busca profundidad.
DISCOGRAFÍA SELECCIONADA NICK MASON (con Pink Floyd y proyectos clave)
Años 60 – Psicodelia y experimentación
– The Piper at the Gates of Dawn (1967)
– A Saucerful of Secrets (1968)
– More (1969)
– Ummagumma (1969)
Años 70 – La era dorada
– Atom Heart Mother (1970)
– Meddle (1971)
– The Dark Side of the Moon (1973)
– Wish You Were Here (1975)
– Animals (1977)
– The Wall (1979)
Años 80 – Transición y reinvención
– The Final Cut (1983)
– A Momentary Lapse of Reason (1987)
Años 90 – Madurez y legado
– The Division Bell (1994)
– Pulse (1995, en vivo)
Años 2000–2010 – Últimos capítulos
– The Endless River (2014)
Proyectos personales
– Nick Mason’s Fictitious Sports (1981)
– Profiles (1985, con Rick Fenn)
– White of the Eye (1987, banda sonora)











