
La Masacre de la Plaza Bulnes ocurrió el 28 de enero de 1946, en la ciudad de Santiago, durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, quien había renunciado días antes, el 17 de enero de 1946, delegando el poder en su ministro del Interior, Alfredo Duhalde, vicepresidente de la República.
El nuevo mandatario sostuvo conversaciones con Mariano Bustos, ministro del Trabajo en ejercicio, para anular la personalidad jurídica de dos sindicatos salitreros en huelga, pertenecientes a las oficinas salitreras Mapocho y Humberstone, cuyos trabajadores exigían mejoras salariales y protestaban por las constantes alzas de precios en las pulperías.
Con esta decisión, el gobierno interino otorgó pleno respaldo a la compañía salitrera, criminalizando la organización obrera.
En apoyo a los trabajadores, la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) convocó a una concentración pública en la Plaza Bulnes, para protestar contra la suspensión de la personalidad jurídica de los sindicatos.
Ese fatídico día , tras una marcha masiva y autorizada, confluyeron en la Plaza Bulnes sindicatos, trabajadores, mujeres y niños. Al mismo tiempo, la mayoría de las comisarías de Santiago fueron acuarteladas y se desplegó un amplio contingente de Carabineros, que llegó al lugar bajo las órdenes del oficial Rebolledo. Sin mediar ningún tipo de provocación, se desató una balacera contra la multitud.
El saldo fue devastador: más de 95 personas heridas, 51 de ellas por impacto de bala, y 6 personas asesinadas. Entre las víctimas fatales se encontraba la activista política , Ramona Parra Alarcón, de 19 años, asesinada por las fuerzas policiales.

La investigación, a cargo del fiscal militar Enrique Leyton, nunca esclareció los hechos ni individualizó a los responsables, consolidando la impunidad.
La Masacre de la Plaza Bulnes constituye uno de los episodios represivos más cruentos en la historia de Santiago. Como en otras matanzas ocurridas en nuestro país en contextos similares, la respuesta del Estado fue la represión criminal contra el pueblo organizado y la impunidad.













