
Wish You Were Here es un disco de Pink Floyd lanzada en el álbum homónimo de 1975. La letra está inspirada en un sentimiento de nostalgia por la ausencia de un ser querido, y dedicada al antiguo miembro de la banda, Syd Barrett, que lo separaron de la misma en 1968 por problemas mentales derivados del consumo de drogas, en especial el LSD. El nuevo documental «Have you got it yet? The Story Of Syd Barrett And Pink Floyd» no podía empezar mejor: zanja de un plumazo la eterna discusión sobre cuál es la etapa más importante del grupo, la Barrett o la post-Barrett. La segunda, la de ‘Dark side of the moon’, ‘The Wall’ y demás, fue la que cubrió de oro al grupo. Pero David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason y Rick Wright jamás hubieran llegado hasta ahí si no fuera porque la luz del diamante reluciente guio el camino. Aja. Una historia parecida a la de Brian Jones con los Rolling Stones.
«Pink Floyd jamás habría sido lo que fue sin Syd».
Distintos críticos señalan a Barrett como el diseñador original del sonido de Pink Floyd. Impulsó a sus compañeros a usar distorsiones, a extender las canciones en piezas más largas, y a jugar más con el sonido. Esto marcó una influencia más fuerte para muchos actos de ese periodo ya que, aunque los Beatles habían incursionado con la psicodelia, él se alejó del pop y lo mezcló con un blues más rítmico, y enfocado en la locura. Fue el responsable de sus experimentos visuales, de su imagen y de básicamente todo lo que representaba.
Sin embargo, desde 1967 (y posiblemente antes), Barrett desarrolló un gusto por las drogas psicodélicas, principalmente el LSD, lo cual usaba como forma para inspirarse e intentar nuevas cosas en Pink Floyd, y de un momento a otro su personalidad cambió.
¿Qué le pasó a Syd?
No hay que ir tan lejos para explicar lo que le pasó. Que consumió demasiado ácido lisérgico es algo que confirman todos los entrevistados, incluyendo el propio codirector Storm Thorgerson, amigo íntimo de Syd que lo acompañó en su primer viaje de ácido y que luego fue fundador de Hipgnosis, el colectivo de diseño gráfico que hizo portadas de Pink Floyd y muchos otros grupos de los 60 y 70’s. Se acercó tanto al sol (de los ácidos) que se incineró en el viaje inicial. Después ya no hubo más que descenso, locura e inmovilidad. Un vacío que alimentó una leyenda cimentada en esa música deforme y espacial. Se quedó en el viaje. De repente aparecía afuera de la casa de Rick Wright y se sentaba en la banqueta de enfrente, horas ensimismado, callado, en su viaje.
«Recuerda cuando eras joven, brillabas como el sol. Sigue brillando Diamante Loco.»
Pero hubo dos elementos, dos piedras más en la mochila que arrastró a Barrett hacia el abismo. El primero, más evidente y señalado por Roger Waters, es la predisposición genética que tenía a sufrir un brote psicótico desencadenado por las drogas. El segundo, y más contradictorio a priori, es que según varios de los participantes en el análisis Barrett no pudo soportar la presión.
“Te atraparon en el fuego cruzado de la infancia y el estrellato, soplado por la brisa de acero. Vamos, tú, el blanco de las risas lejanas, vamos, tú, el extraño, la leyenda, el mártir y ¡brilla!”
Esto fue lo que complicó su relación con Pink Floyd. Durante la grabación del segundo disco, y la gira, Barrett dejó de tocar sus instrumentos por momentos y sólo vagaba. Fue entonces cuando le pidieron a su amigo David Gilmour que se uniera como guitarrista y vocalista para que apoyara a Syd. La frontera entre mito y realidad se confunde. Se suele mencionar la conducta errática de Syd en las presentaciones en directo de ese primer Pink Floyd. Se recuerda lo mal que lo hizo en las apariciones en directo en las televisivas de la gira norteamericana de 1967. Pero de esa gira hay otra actuación en un programa que se ha convertido en mítica. La falta del tape ayuda (en algún ranking aparece entre los 5 grandes momentos musicales de la TV de Estados Unidos en los 60’s de los que no se conserva registro). Para 1968, la banda comenzó a olvidarse de él. Existe una historia que Roger Waters iba manejando hacia un show cuando alguien preguntó si pasaría por Syd, a lo que él respondió «No nos molestemos».
El riff principal de la rola que le dedico Pink Floyd fue compuesto por David Gilmour. Mientras lo tocaba en su guitarra acústica de 12 cuerdas en el estudio 3 de Abbey Road, Roger Waters lo escuchó y le gustó; Waters se aprendió el riff y fue al estudio contiguo para intentar hacer una canción a partir de él. Después, volvió con la melodía vocal y las letras completas y junto a Gilmour ensamblaron las partes hasta darle a la canción la forma final.
En el álbum, la canción comienza desde el final de «Have a Cigar» sin un intermedio de silencio entre ambas. En la transición se escucha el sonido de una radio cambiando de emisoras, y finalmente se detiene en una donde «Wish You Were Here» comienza. Gilmour tocó la introducción en dicha guitarra, procesada para sonar como si estuviera siendo tocada por medio de una vieja radio de transistores y después grabó en una toma extra un solo de guitarra acústica en sonido real. Este pasaje fue mezclado para dar la impresión de que el guitarrista está tocando en una sala, con la radio. Esta parte también contiene un chillido casi inaudible que cambia lentamente de tono, como si estuviera recibiendo interferencias de radio AM.
Durante el primer solo, a los 26 segundos, se escucha una pequeña tos, seguida de una corta aspiración a los 31 segundos. Un «accidente feliz» para dar carácter a la canción.
“Cómo deseo, cómo deseo que estés aquí. Sólo somos dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año, corriendo sobre el mismo viejo suelo. ¿Qué descubrimos? Los mismos viejos temores. Ojalá estuvieras aquí.”
El riff se repite en toda la pieza y se acorta cuando Gilmour toca varios solos con acompañamiento de canto «scat». Al final, el solo final se cruza con sonidos de viento (reminiscente de «One of These Days» del álbum de 1971 «Meddle»), y finalmente entra hacia la segunda sección de la suite «Shine On You Crazy Diamond».
La película, dirigida por Roddy Bogawa y Storm Thorgerson, viene a contar dos cosas. La primera es que lo último que le importaba a Syd Barrett era que le entendieran. De ahí su título (‘¿Lo has entendido ya?’), que era la pregunta que el malogrado músico les hacía a sus compañeros cada vez que les presentaba una nueva composición, tocándosela seis veces seguidas sin que ninguna versión tuviese nada que ver con las demás. «Es posible que nunca lo entendiéramos», ríe Nick Mason en un arrebato de honestidad.











